Nos hemos reunido aquí para defender la Educación, un valor social que nos incumbe a todos y que debe ser implícitamente público.
Este derecho, fruto de las luchas sociales, está siendo sometido a la libertad del mercado y a los intereses de las empresas y hoy son palpables sus efectos en la Universidad Pública. De ello se han ido ocupando la LOU, con la ANECA al frente y con un recién creado Ministerio de Ciencia e Innovación que se ocupa de las competencias universitarias.
Vemos pues, una alianza entre empresarios y políticos europeos con el objetivo de privatizar y ofrecer al mercado otro de nuestros derechos. Suma y sigue.
El proceso de Bolonia destruye la triple función de la Universidad (docente, investigadora y difusora del conocimiento) y nos impone una lógica de mercado donde sólo importen las habilidades técnicas despojadas del pensamiento para una mayor productividad.
No sólo nos quieren deformar como seres críticos sino que su negocio comience en tu matrícula.
Primero, porque la oferta de carreras obedecerá a la demanda del mercado de potenciales trabajadores. La elección de carrera pasa de ser vocacional a un perfecto orden de la ley de oferta y demanda.
Segundo, porque las Becas del Estado a fondo perdido se convertirán en las mal llamadas becas-préstamo y así pasaremos de ser becarios a ser prestatarios de entidades bancarias con intereses 0,3 puntos por encima del euribor. Para crear una forma capitalista más de hipotecas en tus derechos, cualquier excusa es buena sobretodo si va acompañada de eufemismos.
Tercero, porque parte de la financiación de tu matrícula y de tus impuestos irá destinada a los proyectos empresariales en los que además trabajarás como becario, o lo que es lo mismo, por un contrato precario entre una oferta de empleo limitada para la posterior alienación de tu trabajo.
Cuarto, porque con la nueva jornada de 40 horas semanales de estudio, será imposible compatibilizar el estudio con el trabajo haciendo más necesario el endeudamiento estudiantil de sus hipotecas.
Sin embargo, no seremos los únicos perjudicados. No nos olvidamos del profesorado cuyas capacidades laborales quedarán reducidas para ser un MERO ayudante del alumno en su auto aprendizaje rompiendo así la relación social profesor – alumno.
Hace veinte años, los rectores reclamaron a los gobiernos y a la Unión Europea que atendieran a las universidades teniendo en cuenta que deben ser "instituciones autónomas que, de manera crítica, produzcan y transmitan la cultura por medio de la investigación y la enseñanza" mediante "su independencia moral y científica frente a cualquier poder político, económico o ideológico".
Todo este proceso nos recuerda a las universidades laborales del franquismo, vislumbrando una vez más, que el neoliberalismo tiene una metas muy comunes hacia un fascismo silencioso pero amenazador.
Hoy, estamos expuestos al desmantelamiento gradual y por partes de la Universidad Pública y a la nueva concepción de la educación como mercancía.
Por todas estas razones, alzamos nuestro grito en contra del Proceso de Bolonia.